cuando el
teniente Lambás llenaba la pizarra de operaciones yo,
distraído,
indiferente
o miope
(en 8º C me sentaban en el
penúltimo pupitre),
no las seguía,
menos mal que
Mompó, la tarde anterior al examen,
nos explicaba
todas las matemáticas del trimestre,
en casa de
Arrando,
y,
con eso,
íbamos tirando
no puede decirse,
entonces,
creo,
que padeciese de
discalculia, o sea, de ser algo burro
con los números
sufro, esto
sí,
de una
discalculia metafísica, que no sé hacer la cuenta
de la vida,
y me extravío
en sus tablillas neperianas