sábado, 12 de enero de 2019

Ajax, el Caballero Blanco



que no fuera, mamá, Persil,

        o Lagarto,
        mejor (mucho mejor)
        Ajax,
        y poder,
así,
hundir las manos, hasta los codos, en aquel tambor de harina olorosa,
        hasta encontrar al Caballero Blanco

        no sabíamos al gigantesco,
hazañudo
Áyax,
que se tarara después de que otorgasen, en juicio
con artería, las armas
de Aquiles
a Ulises,
tampoco a ese otro Áyax menor,
peor,
que violó a Casandra a pesar de que la infanta se había acogido al regazo
(in)seguro
de Atenea


trasladado torpemente a nuestro romance,
lo decíamos con jota
y acento oxítono,
y usábamos la prosa,
en lugar de los hexámetros,
y entraba en nuestros cuentos jineteando, con armadura medieval,
y no arreando,
carretero,
o apeado,
como los capitanes
tremendos
de Troya 

podía,
de todos modos,
mucho,
aquel hijo del jabón,
en el follón de la batalla que armábamos en el comedor,
mezclándose con indios y vaqueros, soldaditos
de la segunda guerra mundial,
y las fieras
y figuras de Astérix
que venían en los paquetes de los chicles Dunkin

sábado, 27 de octubre de 2018

De Amicitia



        yo creía entonces (creo
        aún)
        que en aquella parroquia
        algo golfa
        de la esquina Albacete-
        Marvá,
        como yo defendiese el futbolín, y gobernase
        mi delantera
        Arrando,
        pareceríamos invencibles, y creía
(creo
aún)
que lo ganaríamos todo,
todo,
también,
hombro-con-hombro,
en los billares
de la vida

domingo, 22 de julio de 2018

vocabulario de mi deporte primero


        decía (¿decíamos
        todos?)
        orsay,
        faus,
        y (éste
era
error
particular
mío),
        detrás del apellido de un compañero de clase, aquel
Picornell,
córnell,
también deporteríaaporteríamarranería,
y porterorregateador, y valen-
las-
paredes,
y con aquellas voces
bárbaras
apañábamos el lexicón de un paraíso que cabía en el patio
de los Agustinos

lunes, 11 de junio de 2018

cocademollitas


en esta otra sociedad-
de-
intercambio
parábamos, antes de empezar viaje, en la calle Ruzafa,
en trufasmartínez,
para obsequiar a la abuelita Carmen, y a los tíos de Alicante,
        y ellos nos regalaban (nos regalan
aún)
con una bandeja de dos pisos de cocademollitas,
de la Panadería Seguí

hacen su sobrenombre y gordura la harina,
el aceite
y la sal
que se pegan al paladar
feliz,
y,
si la dices desapellidada,
coca-
de-,
la ahijas a una sucesión infinita de cielos que se van abriendo, bueno,
que se abrían



sábado, 4 de noviembre de 2017

discalculias


        cuando el teniente Lambás llenaba la pizarra de operaciones yo,
        distraído,
        indiferente
        o miope
(en 8º C me sentaban en el penúltimo pupitre),
        no las seguía,
        menos mal que Mompó, la tarde anterior al examen,
        nos explicaba todas las matemáticas del trimestre,
        en casa de Arrando,
        y,
        con eso,
        íbamos tirando

        no puede decirse,
        entonces,
        creo,
        que padeciese de discalculia, o sea, de ser algo burro
        con los números

        sufro, esto
        sí,
        de una discalculia metafísica, que no sé hacer la cuenta
        de la vida,

        y me extravío en sus tablillas neperianas

miércoles, 6 de septiembre de 2017

vocación

        


¿qué accidentes decidieron que mi hiciera yo
        de letras,
        cuando iba,
        desde pequeño,
        para médico?

        con otros que tienen que ver,
        paradójicamente,
        con mi padre,
        y que he dicho en otra parte, 
también
el libro
de texto
ANAYA
de 2º de BUP,
azul,
cuadrado,
y don Adolfo Villalba,
el Pétit,
que mareaba sus páginas
y nuestras pizarras
con un cigarrillo entre las manos,
y me llamó a esta carrera que no adelanta mucho
y con la que paso
muy a mi sabor
la vida[1]



[1] Diccionario de Autoridades.