sábado, 28 de febrero de 2015

conferencia






























papá andaría, con el dofín blanco de su representación, visitando médicos por las provincias de su cartera, repartiendo aquellas muestras de insulina que venían en frasquitos con etiquetas de colores, que hicieron mis juguetes, o bien asistía a algún congreso de Novo en Madrid, o en su domicilio cabecero de Copenhague
       
        yo,
        claro,
        qué voy a saber de todo eso, cumplía ese día tres meses
en el mundo,
        entendía,
        nada más,
        creo,
        que él no estaba en mi primera casa alquilada,
la de la Plaza de los Luceros de Alicante,
        pero conozco, asustado (¡pobre!) y algo reconfortado,
la dudable
maravilla
de su voz dentro de aquel aparato de cuento que me acercaba al oído,
divertida,
¿quién?

domingo, 22 de febrero de 2015

miprimeracomunión

        

        una vez confesado (serían pecadillos
        idiotas),
        el padre Manuel Mecández, que era
        además
        mi tutor en 2º C,
        me convidó a un almuerzo
        divino
        y comunal

éramos, todos, chicos, sólo había una nena, pobre, sería
        la hermana de alguno de mis compañeros: iban,
casi todos,
de marineritos,
yo,
no,
preferí llenarme del hijodediós en hábito
de sacerdote,
vestir la sotana, con cordones
y sandalias
(la ropa, como el calzado,
me estorbarían en el partido de fútbol que improvisamos
luego
en el patio de los Agustinos)        
        




recibí, con aquella moneda
de harina
maravillosa
que alquilaba una casilla
        en el cielo,
        estampitas (con ángel macho, panadero,
        y angelica con bodega),
        una sortija que sellaba, con mis iniciales, mi contrato
        nuevo,
        y un reloj que decía las horas en el siglo

sábado, 14 de febrero de 2015

cidiana


valen, el andamio, en el corral de Turís,
mi bruto
famoso,
la tapia
desconchada,
detrás,
el decorado de mis teatros épicos,
el cajón de fruta, fantástica
arca;

uso,
en lugar de yelmo con penacho,
flequillo,
y arreo sin coraza
ni escudo;
el paquete, que disimulan los pantalones cortos,
sujetados por tirantes,
hace mi blanda cojonera;
no calzo espuelas, sino zapatos
de bobo
y calcetinitos blancos de punto;
no me sirve de escudera, y maestra
de esgrimas, dama-del-lago
mágica,
sino muchacha del río Magro,
mi prima
hermana

finjo torpemente (demasiado
divertido)
un gesto fiero, pero los dientes que enseño
son de leche,
y la espada de juguete (¡caballero
mamarracho
y feliz!)