papá andaría, con el dofín blanco de su representación,
visitando médicos por las provincias de su cartera, repartiendo aquellas
muestras de insulina que venían en frasquitos con etiquetas de colores, que
hicieron mis juguetes, o bien asistía a algún congreso de Novo en Madrid, o en
su domicilio cabecero de Copenhague
yo,
claro,
qué voy a saber
de todo eso, cumplía ese día tres meses
en el mundo,
entendía,
nada más,
creo,
que él no
estaba en mi primera casa alquilada,
la de la Plaza de los Luceros de
Alicante,
pero conozco,
asustado (¡pobre!) y algo reconfortado,
la dudable
maravilla
de su voz dentro de aquel aparato
de cuento que me acercaba al oído,
divertida,
¿quién?





