sábado, 9 de abril de 2016

my kind of tree


        no el ciprés meapilas,
        misticón
        de Silos, tampoco
        el limonero que madura, para siempre, en “un huerto claro”,
o el olmo
        jodido,
        ¿ni siquiera los álamos-
        del-
        amor?, bueno, éstos
        sí,
        que soy un sentimental,
        menos aún “la noble encina”, con su “verdura
        grave”, ni el roble, “árbol
        patrio”, aunque su patria la desarman sus diminutivos
en -iño : yo,
        en mi ruzafa
        con cuentos,
        crío el algarrobo, porque es de estatura mediana, y se deja
trepar,
porque su corteza es “cenicienta, y tira algo
a cerúlea”,
y tiene flor que “no tiene
        hojas”, “sólo
        (…) cinco cabecitas”, y,
        en el centro de su corro,
        “un pezoncillo”
que da teta
        al fruto envainado que hará la golosina del macho del tío Juan,
        en el corral de Turís,
y el suelo crujiente,
movedizo,
oloroso,
de la cambra que usaba para apartarme,
y el chocolate que valía para nuestra merienda, para la tuya,
qué cosas,
también,
mimaridesa[1]



[1] Diccionario de Autoridades.

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