martes, 26 de julio de 2016

álamosdelamor


        no bordean el Duero, “entre San Polo
        y San Saturio”:
        estos otros álamosdelamor no eran de palo,
        sino de hormigón,
        pilares que no sostenían nada, como no fuera
        el cielo del terrado de Cibeles,
        que hacía la cabaña de nuestra pandilla
en la playa de nuestro verano primero: allí,
        en la corteza de una de aquellas vigas que aseguraban
        qué,
        escribimos,
        con uno de los trozos de yeso que salpicaban el suelo (restos
        de la albañilería que había levantado el edificio),
        nuestros nombres de enamorados
        nuevos,
        pollos,
        Desa y Manuel (Manuel
        y Desa)

        unos años después construyeron, en aquella azotea,
        estudios,
        y aquel chopo de cemento esconde para siempre,
        secreto,
        la cópula adolescente de nuestros nombres

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