el tío Ángel traía al piso de Ausias
March, de sus talleres
domésticos
de la calle
Molina,
un saco con
arbolillos de plástico, y nosotros,
sus
aficionados sobrinos,
en el comedor,
ayudábamos a
coger sus frutos,
que vaciábamos
en otro saco
también, en
las orillas de latíamaría, desgranábamos a veces (que sirviesen
luego
como garrofón)
judías,
y la vida, y
la vida

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