fue (otra) enseñanza, con ilustración
práctica,
de papá,
que puede uno
(que debe
uno)
(des)gobernar
las horas,
y los calendarios,
(des-)
montarse la fiesta
como a uno le venga en gana
armado,
la Nochevieja,
de cuchara
y perol,
sonaba las doce
que marcaban el final de aquel año hacia las diez y media,
y nos tomábamos
las uvas (los más inútiles
y delicados
deshuesadas
y peladitas)
que valían
milagros,
sin esperar al
Reloj
hortera
de la
televisión
así,
nosotros hemos
ido empezando algunos años
nuevos
adelantándolos
o no, según
vinieran
el sueño
y la paciencia,
y sin mirar
mucho la especie de la fruta venturosa, acuérdate
de los gajos de
mandarina en un pub de Londres,
de los
cacahuetes de Península Valdés
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