domingo, 21 de diciembre de 2014

en los Viveros de Valencia


yo creo que tú te entrabas con el Dofín
        blanco
        en el Parque (entonces
       se podía)

        sé de los Viveros exactamente las sillas que servían
        para el aperitivo,
        y el zoo
        horroroso, y sé
        que aprendí en ellos todas las especies de bicicleta

        sé sobre todo, de los Viveros (y sería,
¿no?,
lo primero que pedíamos que nos comprases),
aquellos atadijos
casi perfectos,
de papeles de colores, rojos,
        azules,
        amarillos,
        verdes,
        que guardaban alpiste:
        los desanudaba papá,
o mamá,
        y venían luego
luego
a comer en nuestras manos las palomas,
y parecía,
entonces,
que importábamos a aquellas criaturas que podían mucho,
mucho,
el cielo


No hay comentarios:

Publicar un comentario