yo creo que tú te entrabas con el
Dofín
blanco
en el Parque
(entonces
se podía)
sé de los
Viveros exactamente las sillas que servían
para el
aperitivo,
y el zoo
horroroso, y sé
que aprendí en
ellos todas las especies de bicicleta
sé sobre todo,
de los Viveros (y sería,
¿no?,
lo primero que pedíamos que nos
comprases),
aquellos atadijos
casi perfectos,
de papeles de colores, rojos,
azules,
amarillos,
verdes,
que guardaban alpiste:
los desanudaba
papá,
o mamá,
y venían luego
luego
a comer en nuestras manos las
palomas,
y parecía,
entonces,
que importábamos a aquellas
criaturas que podían mucho,
mucho,
el cielo

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