no
eran dinero,
ni servían:
valían las monedas (las dos maneras
de chavos,
las
de dos reales, tonsuradas,
las
rubias
más o menos sucias,
con las caras
menguantes
de
Franco, parece, burlaban las coplas, un requeté,
o
un coronel,
y
el pajarraco en el otro lado del espejo,
las
de dos cincuenta, de cobre, grandotas y morenas,
los
duros,
las
de cien pesetas, de plata, de las estrenas)
mis
juguetes
practicaba
una numismática, creo yo, neurótica:
no
se me daban nada la antigüedad,
la ceca,
los metales
de la perrada:
miraba, en sus
dibujos estropeados, en sus orillas
gastadas,
sus historias privadas: eran,
en fin,
aquellos
menudos,
la calderilla
que alimentaba el jukebox de mis
fantasías,
to see if it
would play my favourite tunes

