lo mismo que pasa con otras cosas,
no
sé si esto lo encuentro en el fondo
del
almacén
dudable
de
la memoria,
o
será invención interesada,
que
conviene a los cuentos que me cuento
para armar lo
que soy,
pero
me parece que me llevaban,
de pequeño, a
las carreras
de galgos
en el depósito
poco autorizado de Google
veo que el
canódromo estaba en la Avenida del Puerto,
y que los
perros empezaron a correr detrás de una liebre
de pega
meses antes de
que yo naciera
recuerdo
también, o fabulo,
el disparo
motor, el asustado
conejo
mecánico,
las prisas de
los chuchos con dorsal
numerado, con
sus hipidos,
el ruido
nervioso
de los que
apostaban su suerte
mezquina
a un galgo
no están papá
y mamá, y otros,
que podrían
certificar
esto,
pueden
poco
faltan los que
guardaban estos documentos,
mis notarios,
los fieles de
fechos que pesaban
las monedas
que daban
realidad
a mis historias: sin ellos
se vuelven
éstas inciertas,
hijas
naturales
de la fantasía

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