miércoles, 14 de enero de 2015

dudosísimas carreras de galgos



        lo mismo que pasa con otras cosas,
        no sé si esto lo encuentro en el fondo
        del almacén
        dudable
        de la memoria,
        o será invención interesada,
        que conviene a los cuentos que me cuento
para armar lo que soy,
        pero me parece que me llevaban,
de pequeño, a las carreras
de galgos

en el depósito poco autorizado de Google
veo que el canódromo estaba en la Avenida del Puerto,
y que los perros empezaron a correr detrás de una liebre
de pega
meses antes de que yo naciera

recuerdo también, o fabulo,
el disparo motor, el asustado
conejo
mecánico,
las prisas de los chuchos con dorsal
numerado, con sus hipidos,
el ruido
nervioso
de los que apostaban su suerte
mezquina
a un galgo

no están papá y mamá, y otros,
que podrían certificar
esto,
pueden
poco

faltan los que guardaban estos documentos,
mis notarios,
los fieles de fechos que pesaban
las monedas
que daban realidad
a mis historias: sin ellos
se vuelven éstas inciertas,
hijas
naturales

de la fantasía

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