jueves, 30 de julio de 2015

chiripitifláutico

       










        fueron, creo, mis dos héroes
        primeros,
        en el blanco y negro de la Philips

        encerrados en ripios, era Locomotoro
“conductor de todo menos del codo”,
y parecía,
el Capitán
Tan,
“un rataplán”

        podían
        ¡tanto!:
        Locomotoro (¿de verdad me titulaba
su “amigüito”?) fijaba los zapatos, y se inclinaba
        hacia adelante,
        hasta tocar el suelo con las narices; y yo
        seguiría al Capitán Tan, con su sombrero de explorador,
en sus “viajes a lo largo
        y ancho
        de este mundo”
       
        yo imitaba a Locomotoro, que se me mueven
        los mofleeeetes,
        y a la abuelita Carmen le hacía gracia (¡lo clava
el nene!), a mamá
        no,
        que recelaba que me amariconase
       
        y prefería,
entre todas las canciones que fatigaban los Chiripitifláuticos,
en su programa de Antena Infantil, aquella
algo triste,
        de “había
una vez”,
que contaba lo de aquel barquito chiquitito que no podía
que no podía,
y que yo soñaba marear

        

domingo, 26 de julio de 2015

por la Montañeta

       
        
        si se llegaban a Alicante mareando, por el malecón,
        traían a los pequeños “juguetes
        y turrón”

nunca
fue
así:
los papás
escondieron
esta primera posibilidad
mejor,
y nos recibían, la mañana
de la Epifanía,
cantando,
y silbando,
el segundo pareado,
que nos desastraba,
        los Reyes vinieron
        por la Montañeta
        y a Manuel (o a Eva, o a Marta, o a Carlos) le trajeron
        un montón
de puñetas

era
chufla, higa
para hacernos rabiar,
como el carbón
de azúcar
en las orillas de nuestros presentes

        ignorábamos,
        o he olvidado,
        el Malecón,
        y la Montañeta valía el Levante
fantástico, la habitación, con almacén
y botica,
        de Gaspar, Melchor y Baltasar

        las navidades últimas, que quise pasar más despacio, con Desa,
        en Alicante,
        descubrí que la Muntanyeta había sido
        verdadera,
        que embarazaba el crecimiento de la ciudad,
        que la desmontaron
       
        no: cuando se empieza
el 6 de enero
bajan
        aún
        los Reyes Magos (bajan papá
        y mamá)
        con el oro,
        el incienso
        y la mirra,
        a regalarnos




sábado, 18 de julio de 2015

el Club de los Siete Secretos

        

        
        yo fui más de los Siete Secretos
        que de los Cinco
       
        me mareaban algo los nombres de los chavales
de aquella pandilla,
que me parecían bárbaros, y pronunciaba
a la española,
Peter, Janet, Jack, Barbara, Pam, George, Colin,
ni siquiera sabía uno
muy bien,
leyéndolos,
el sexo
cabal
del personaje

        todos soñábamos, mirándonos en su ejemplo, armar
        un Club
        (y ¡si fuera mixto, de chicos
        y chicas,
        el escándalo!),
        tener aventuras
        con perro,
        investigar crímenes blanditos, resolver
        misterios
        tontos,
        que escribiese
        luego
        Enid Blyton
        nuestras hazañas de andar por casa,
        y nos jalease desde el título, ¡adelante!,
        ¡tres hurras para!
       
        era literatura juvenil (¿no la publicaba
        la Editorial Juventud?), por poco
        de un rombo,
        clasificación que nos hacía parecer mayores,
        y fue mi primera novela, si no negra,
negruzca,
y que leía
seguido,
sin la muleta de los dibus

        

jueves, 16 de julio de 2015

cuánto falta


            

       
       (jugábamos a esto
        o lo otro,
a los coches,
a armar batallas con soldaditos
de plástico
que venían en sobres, yo prefería a los americanos
y a ésos de las nieves,
sobre todo a los médicos,
a los médicos)
       
“¿Cuánto falta?”
        “Un ratito.”

        los papás ordenaban horas que queríamos
que pasaran,
decidían el marco temporal de nuestros fueros