jueves, 30 de julio de 2015

chiripitifláutico

       










        fueron, creo, mis dos héroes
        primeros,
        en el blanco y negro de la Philips

        encerrados en ripios, era Locomotoro
“conductor de todo menos del codo”,
y parecía,
el Capitán
Tan,
“un rataplán”

        podían
        ¡tanto!:
        Locomotoro (¿de verdad me titulaba
su “amigüito”?) fijaba los zapatos, y se inclinaba
        hacia adelante,
        hasta tocar el suelo con las narices; y yo
        seguiría al Capitán Tan, con su sombrero de explorador,
en sus “viajes a lo largo
        y ancho
        de este mundo”
       
        yo imitaba a Locomotoro, que se me mueven
        los mofleeeetes,
        y a la abuelita Carmen le hacía gracia (¡lo clava
el nene!), a mamá
        no,
        que recelaba que me amariconase
       
        y prefería,
entre todas las canciones que fatigaban los Chiripitifláuticos,
en su programa de Antena Infantil, aquella
algo triste,
        de “había
una vez”,
que contaba lo de aquel barquito chiquitito que no podía
que no podía,
y que yo soñaba marear

        

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