cero
Es
lavatorio gracioso, que te quita del pecado
primero,
el de la
demasiada curiosidad,
y procura
tu mansedumbre.
Vale la
“puerta
de los demás sacramentos”,
y te hace hijo de un cristo católico y
franquista, criatura
de su Iglesia,
sujetándote a su Ley.
Quisieron
que fuera en la Pila muy milagrera
de San Vicente Ferrer,
máquina
profiláctica
que estorbaría mi muerte accidental.
Yo
recibía, con aquellas aguas que no eran
de
socorro,
sino
administradas con mucha ceremonia
y
solemnidad,
el nombre
divino
de
Manuel,
el mismo
de mi nuevo
señor
(pero era
para que repitiese
el de papá).
uno
el hierofante, distraído en el Libro, remojando las orillas
de sus
faldones
en el
Jordán
(los
cielos abiertos,
o
rasgados,
la
palabra adelantada de Juan Silvestre, el Otro,
arriba,
que
conoce a su hijo),
no nota
la maravilla, algunos parroquianos tocados
por su
favor
sí: mi
tía Hermelina,
detrás,
sobre
todo,
claro (el
mundo no ha ensuciado sus ojos: suyo-
es-
el-
reino),
los
pequeños,
el Gelo,
en brazos de su padre, mis primas
más o
menos veladas
dos
mitíamaría pone los ojos bobos,
beatos,
en el cielo barroco de la capilla,
mi
padrino, manolorrobredo, recela, me parece, algo, ¿no?
Hay
teatro de curas y monaguillos,
y el
sacerdote me eleva, dándome
a su
Dios.
Detrás,
algo distrae, y hace gracia, a dos mujeres que serían
de mi
corro,
y que no
recuerdo.
Yo
parezco, metido en mi ropón de bautismo,
fantástica
pupa
sin sexo,
un
insecto
extrañísimo
y
perplejo.
tres y cuatro
tres: agua
va,
y
observan al crismado con interés,
y
divertidos,
los
padrinos,
papá
y mamá,
latíahermelina,
mis
primas
y cuatro:
soy cristiano
novísimo,
y segunda vez mis primas, sobre todo
Juanita, ¿la ves
boquiabierta?,
han advertido algo, ¿no?, extraño,
inquietante: epifanía
sin pájara (sí, es
hembra),
ni tardes
rotas,
ni tronadoras voces,
eresmihijobienamadoblablablá
cinquet
no puedo saber si volaron caramelos
(¡padrinorroñosooo!): conozco
a mis padrinos,
a la abuelita Carmen,
a Juana Moreno,
a miprimamariajosé: sobre todo
quisiera saber a esa dama mágica que no
sé y me va a tocar,
o me bendice (¡yuyu: yo, espantado,
berreo!)