jueves, 7 de mayo de 2015

usos de las clases medianas valencianas

costumbres de la burguesía más o menos pequeña,
        en Valencia,
en los años sesenta: íbamos
        al aeropuerto
        familiar,
        de andar por casa,
        de Manises,
        a tomar el aperitivo,
y a ver cómo despegaban, o aterrizaban, los aviones,
como tontos, o paletos, oooooh,
o bien allí al lado,
al Hotel Azafata, que tenía
para los críos
unos columpios donde me disloqué un brazo y me hice,
para siempre,
cobardica
       
        y qué cosas, ahí,
        ahí,
        y en las tortugas huecas, de piedra, de la Glorieta,
        y en los Viveros,
        y en el tiovivo de la Gran Vía,
        y en Monte Picayo (tirándote por el gigantesco tobogán,
jugando entre las mesas de la cafetería, 
o con el cangurito
        de plástico,
        rojo, azul, amarillo,
        que el camarero plantaba, como una bandera,
entre el hielo y la rodaja de limón de la coca-cola),
        estarías
        también
        tú
        alguna vez,
        y no nos sabíamos

        

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