sábado, 31 de diciembre de 2016

cotillón

fue (otra) enseñanza, con ilustración
        práctica,
        de papá,
        que puede uno (que debe
        uno)
        (des)gobernar las horas,
        y los calendarios, (des-)
        montarse la fiesta como a uno le venga en gana

        armado,
        la Nochevieja,
        de cuchara
        y perol,
        sonaba las doce que marcaban el final de aquel año hacia las diez y media,
        y nos tomábamos las uvas (los más inútiles
y delicados
deshuesadas
        y peladitas)
        que valían milagros,
        sin esperar al Reloj
        hortera
        de la televisión

        así,
        nosotros hemos ido empezando algunos años
        nuevos
        adelantándolos o no, según
        vinieran
        el sueño
y la paciencia,
        y sin mirar mucho la especie de la fruta venturosa, acuérdate
        de los gajos de mandarina en un pub de Londres,
        de los cacahuetes de Península Valdés

miércoles, 16 de noviembre de 2016

apandillados


llámanlo pandar, o “empandillar
        el naipe”,
        y lo juzgan
cosa
de “cosarios
y tahúres”,
esto de juntar “las cartas de un mismo palo”, en concurso
fullero,
para adelantar

        yo fui apandillándome, en ligas
        más o menos secretas,
        por si recibíamos manos más favorables para el pericón de la vida,
        con mis compañeros de colegio,
        con carlostejerinabotella,
        primero,
        más adelante con Pajuelo
        y Puchades (armamos una sociedad
        idiota
        que llamábamos de “los tres Búhos”),
        con Pajuelo (otra vez),
Pedreira,
Peñuela
y Máiquez,
para empezar,
en quintocé,
un periódico,
El Universo,
que investigó, ahí
es nada,
lascarasdebélmez,
con Ortuño, Arrando y Mompó (usábamos,
para decirnos,
un mejicanismo, y nos titulábamos
“loscuatromanitos”),
para los deberes de inglés, y de dibujo
a rótring,
para las películas de reestreno, en sesión doble, del sábado,
para los tebeos márvel,
con la gente
mejor
de COU,
para El Talego,
para los futbolines,
los marcianitos
y comecocos,
para el cine-de-arte-y-ensayo,
para las noches de estudio,
ajedreces,
risk,
póquer
y ternezas
algo mariquitas

fuimos gariteros
algo burros,
jugadores de poca ventaja,
y,
con todo eso, en esto, en esta
timba,
digo,
ganamos,
me parece,
mucho

miércoles, 9 de noviembre de 2016

estupendos trabajos caseros


el tío Ángel traía al piso de Ausias March, de sus talleres
domésticos
de la calle Molina,
un saco con arbolillos de plástico, y nosotros,
sus aficionados sobrinos,
en el comedor,
ayudábamos a coger sus frutos,
que vaciábamos en otro saco

también, en las orillas de latíamaría, desgranábamos a veces (que sirviesen
luego
como garrofón)
judías,
y la vida, y la vida

jueves, 3 de noviembre de 2016

a morro

no entiendo la mecánica de la bota, del botijo,
del porrón, artes
macho,
de español de banderita-roja-y-gualda,
de abrevarse,
me pongo perdida de vino la pechera,
y me doy a toser,
por eso bebo la vida amorrándome a las fuentes comunales,
esclarecidas con la baba ácida de los agustinos con babero a rayas,
del patio de mi colegio


martes, 27 de septiembre de 2016

índices escolares de nuestra generación

        
        yo no usé nunca (yo
        nunca supe)
        el plumier, la plumilla, el plumín,
        el tintero,
        el papel secante, la sal
de acederas,
        pero de párvulo,
        y con el padre Luis,
        y con el padre
        Ángel,
        y con el padremanuelmecández,
        nos sentaban dedosendós a un pupitre de madera oscura,
        recia,
        erosionada por el zumo agrio del aburrimiento,
        con una acanaladura (la tumba
        vaciada
        de un trasto)
        y un círculo
        hueco
        que no servía
        ya
(un agujero negro con un horizonte de sucesos
espantoso, el pozo
negro
de las cloacas de aquel edificio levantado para desastrarnos)
       
        aquel mueble fatigado, fabricado con piezas en desuso,
        rudimentarias,
        que estorbaban
        ahora
        la escritura y la caligrafía
cabales,
señala exactamente los años de una generación fronteriza, in-
between,
entre-esto-y-lo-otro,
al borde
de,
        que poblaba una extremadura
movediza,
marcada por mojones dudables,
        que empezaba la jornada escolar formando en el patio delante del vice,
        y todas las clases con un padrenuestro,
        y sufría encogiéndose de hombros, y hasta divertida, castigos
        torpísimos,
        desbravada por curas
        y militares,
        que fue la primera,
        sin embargo,
        que no hizo el examen de ingreso,
        ni el bachillerato,
        ni el PREU (por eso
somos algo borricos),
        y manejó,
        en quintocé, con César, nuestro maestro
        bueno,
        el estupendo Consultor, y utilizaba fichas modernas
y tontas
que no nos obligaban mucho

en aquellas aulas Franco roncaba
aún,
pero no era la bramadera verrionda del ciervo espléndido
en celo,
ni el murmullo de la digestión contenta del tigre, era
el sarrillo con moco,
tóxico,
de una alimaña terminal

las clases,
quizás,
que describen mejor aquella tierradenadie,
son las de inglés,
porque fuimos los primeros, también
en esto,
        en la historia de los Agustinos,
        que lo estudiamos,
        con el Davalillo,
        y mezclábamos
        en ellas
        un rosario anglosajón que desgranábamos en irreligiosa algarabía,
el holymarymotherofgodthelordiswiththee,
        con el lemontreeverypretty
        y el i-was-born-in-west-virginia-north-caroline-i-did-roam
de Joan Baez,
en el magnetófono norteamericano del sacerdote con apellido
de demonio
travieso

salimos (pero no saldremos
jamás)
al mundo
con estropicios que nos incapacitaban para la vida,
pero defendimos nuestra felicidad en el patio doble del colegio,
en los quioscos de sus orillas,
en los futbolines de la esquina gamberra marvá-
albacete,
en las destartaladas tabernas, y en las cafeterías
pijas,
que lo rodeaban,
en los tebeos márvel,
en el Astoria, en el Price, en elcinejerusalén,
en las partidas de un póquer cursi
y sentimental



        

sábado, 24 de septiembre de 2016

arqueología (es, casi, geología) del pupitre

hacía el moco sedimentado,
fósil,
en el casco de aquella galera que paleteábamos desmanotados,
y que no llevaba a ninguna parte,
nuestro pupitre
antiguo,
digo,
armado en astilleros terribles con el propósito de domesticarnos,
el caracolillo del miedo
y del tedio
de los párvulos agustinos que lo marearon antes que yo,
y que echaría,
con su peso,
la pobre barca
a pique
(y andamos desde entonces
esto
hundiendo las chirucas en la horrura de sus fondos)

        

viernes, 16 de septiembre de 2016

passing shot

yo me empecé en el tenis con Manolo Orantes, Manolo
Santana, Joan Gisbert, todos
de  punta en blanco, y en blanco
        y negro, y era un deporte
cortés,
de gentilhombres feos, con raquetas de palo,
que saludaban con sus enormes dentones la dejada,
el globito del rival,
y sólo corregirían al juez de silla si se equivocase a su favor,
recreo de ingleses
con club,
que decían,
por no ofender, thirty -      
love,
trocando el cero por amor,
y pensé, tonto, que la vida sería,
también,
así

        

martes, 6 de septiembre de 2016

de soldado confederado


es fotorreportaje que Vicente Giner hizo el 8 de febrero de 1964,
en su estudio del 12 de la calle Victoria, en Valencia
del Cid

yo tenía dos años y pico,
y me retrataron en el traje algo desarreglado por los accidentes de la guerra
de los Confederados,
con sombrero de ala ancha, panyolet, botas, y pistolón
colt
al cinto

        parezco además, por la torpeza de don Vicente, ángel
        vegetal,
        con alas de verduras

        por los galones del uniforme veo que no paso,
vayapordiós,
de cabo

        siempre he preferido a los Confederados,
        porque los apellidaban,
        también,
        Rebeldes,
        porque se habían criado en las musicales orillas de un ama negra
        y ensuciaba con sus sentidos mocos su correo cursi
        y embustero
        una beau del Sur,
        porque me gustan los nombres de fulanas de reyes
        prestados,
        Georgia,
        las dos Carolinas,
        o graciosísimos, Mississipí,
        Te-
ne-
sí,
        de los Estados que defendían,
        sobre todo
        porque perdieron

sábado, 20 de agosto de 2016

21 de agosto


Mi jardín delicioso (no, mi balcón
        veronés)
        fue de cemento
y algo marinero,
        la proa del cuarto pantalán del Puerto de la Puebla de Farnals,
        la noche feliz (¡feliz!) del 21 de agosto de 1976.
        Nos acariciaba,
desde el Club Náutico,
una canción que tú recuerdas y yo
no
(el “I love
to love”,
era,
dices,
de Tina Charles),
y yo no, distraído como estaba
por mi beso
primero
(pero todo primer beso
vale el último,
ningún otro
servirá
ya).


martes, 26 de julio de 2016

álamosdelamor


        no bordean el Duero, “entre San Polo
        y San Saturio”:
        estos otros álamosdelamor no eran de palo,
        sino de hormigón,
        pilares que no sostenían nada, como no fuera
        el cielo del terrado de Cibeles,
        que hacía la cabaña de nuestra pandilla
en la playa de nuestro verano primero: allí,
        en la corteza de una de aquellas vigas que aseguraban
        qué,
        escribimos,
        con uno de los trozos de yeso que salpicaban el suelo (restos
        de la albañilería que había levantado el edificio),
        nuestros nombres de enamorados
        nuevos,
        pollos,
        Desa y Manuel (Manuel
        y Desa)

        unos años después construyeron, en aquella azotea,
        estudios,
        y aquel chopo de cemento esconde para siempre,
        secreto,
        la cópula adolescente de nuestros nombres

domingo, 22 de mayo de 2016

el Flaco

        


        salía de la peluquería de la calle Bélgica, iba
        a verte,
        me reñías,
        burro,
        qué te han hecho, pareces
        el Flaco,
        y es verdad, clavo el gesto triste, perplejo, del pobreto,
        su mala pata

lunes, 9 de mayo de 2016

cuajada

      

       es ciencia
del indio,
que tienen los niños pequeños, en el vecindario
        del ombligo,
        un cuajo que les sirve de plomada,
        y los sujeta
        al suelo
        del mundo

        yo sufrí alguna caída, o me menearía
        la vida
        con demasiada violencia,
        y,
        así descuajado, pierdo
        pie,
        me mareo

        

sábado, 9 de abril de 2016

my kind of tree


        no el ciprés meapilas,
        misticón
        de Silos, tampoco
        el limonero que madura, para siempre, en “un huerto claro”,
o el olmo
        jodido,
        ¿ni siquiera los álamos-
        del-
        amor?, bueno, éstos
        sí,
        que soy un sentimental,
        menos aún “la noble encina”, con su “verdura
        grave”, ni el roble, “árbol
        patrio”, aunque su patria la desarman sus diminutivos
en -iño : yo,
        en mi ruzafa
        con cuentos,
        crío el algarrobo, porque es de estatura mediana, y se deja
trepar,
porque su corteza es “cenicienta, y tira algo
a cerúlea”,
y tiene flor que “no tiene
        hojas”, “sólo
        (…) cinco cabecitas”, y,
        en el centro de su corro,
        “un pezoncillo”
que da teta
        al fruto envainado que hará la golosina del macho del tío Juan,
        en el corral de Turís,
y el suelo crujiente,
movedizo,
oloroso,
de la cambra que usaba para apartarme,
y el chocolate que valía para nuestra merienda, para la tuya,
qué cosas,
también,
mimaridesa[1]



[1] Diccionario de Autoridades.