jueves, 8 de octubre de 2015

de este lado

        


        papá despachaba, ayudado por mamá, primero, en el ala
        oeste,
        en el piso anexo, digo, que daba
        al poniente,
        y,
        más adelante,
        arriba,
        en la clínica
       
        estaban ahí mismo, al otro lado
        del pasillo
        que nos daba un poco de miedo,
        o subiendo las escaleras,
        y no estaban
       
        mi hermana Eva y yo distraíamos la tarde,
        después del colegio,
        como podíamos,
        haciendo dibujos que presentábamos
        luego
        a nuestroseñor,
        a ver,
        riñendo,
        perdiéndonos,
        cada uno,
        en nuestra juguetería particular,
o en la cocina,
pisando las faldas enlutadas de Amparo, nuestra vieja
criada,
que nos enseñaba a hacer chocolate,
o una francesa, batís la clara
aparte,
la mezcláis después con la yema,
mimáis el revuelto en la sartén,
¿veis?,
así

yo creo que algunas de las cosas que han importado
en la fábrica de lo que somos
las fuimos aprendiendo así,

en la parte de la casa que nuestros padres vaciaban

viernes, 28 de agosto de 2015

tattoo


        (sin contar las tribus pintadas, aquellos pictos
tremendos,
        por ejemplo,
        que señoreaban el norte de la Bretaña
        mayor,
        primera,
y espantaban a los romanos)
               
        antes (antes) iban tatuados los legionarios (amor-
        de-
        madre,
        vivalamuerte),
        los hampones,
        los marinos
        (Popeye)

        arrancados al fuego y al dolor, apuntaban taras, violencias
        inconcretas,
        decían
        al otro

        hoy el tatuaje es bisutería que señala al ahigadado
        y al idiota

        yo usé, el mismo verano que me enamoriqué de Mari
        la Legañosa,
        calcomanías
        que pegábamos a los dorsos de las manos,
        o en los brazos,
        con saliva,
        y repetían monstruos,
        flores,
        mariposas,
        psicodelias,
        qué,
        y se iban volviendo borrosas con el agua
        y el jabón
forzosos,
        y la roña
hija
de nuestro recreo,
        y la infancia
        tonta
        y feliz
        que pasaba

        

miércoles, 26 de agosto de 2015

la cambra


hacía la cambra,
        arriba del corral,
        en ca la tía Hermelina, en Turís,
        con sus trastos rústicos
        arrimados,
        y su suelo, y perfume, de algarrobas,
        mi país-de-nunca-nunca-jamás, Tierra
        de Maravillas
         

        

miércoles, 12 de agosto de 2015

de tebeo

        


“‘…y ¿de qué sirve un libro’, pensó Alicia, ‘sin dibujos o conversaciones?’”[1]

        papá
        hizo caso de Alicia,
        y para iniciarme en la lectura me compraba tebeos,
        el Pumby,
        la colección Dumbo, con sus lomos grises, con brillo,
        los tomacos de Películas de Walt Disney,
        y de Hanna Barberá,
        Astérix y Obélix,
        algún Tintín,
uno
        de Lucky Luke

        todavía gastaba pantalones cortos cuando me regaló estos otros libros
        más seriotes, eran
dos vidas ilustradas,
        la de Cristóbal Colón, la de Aníbal
Barca

en casa de mi primo Gelo leía El Jabato,
El Capitán Trueno,
El Guerrero del Antifaz,
las Hazañas
bélicas

luego, ya
por mi cuenta,
busqué los cómics Marvel,
sobre todo
Los Vengadores, que traían las aventuras de La Visión,
el androide
melancólico
que me repetía

        los mundos fantásticos que visitaba venían,
        ¿ves?,
        en viñetas: hablaban,
y cavilaban,
los personajes que los poblaban,
mediante bocadillos: fueron,
        mis primeras historias,
        historietas

       



[1] Lewis Carroll, Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, cap. 1.

jueves, 30 de julio de 2015

chiripitifláutico

       










        fueron, creo, mis dos héroes
        primeros,
        en el blanco y negro de la Philips

        encerrados en ripios, era Locomotoro
“conductor de todo menos del codo”,
y parecía,
el Capitán
Tan,
“un rataplán”

        podían
        ¡tanto!:
        Locomotoro (¿de verdad me titulaba
su “amigüito”?) fijaba los zapatos, y se inclinaba
        hacia adelante,
        hasta tocar el suelo con las narices; y yo
        seguiría al Capitán Tan, con su sombrero de explorador,
en sus “viajes a lo largo
        y ancho
        de este mundo”
       
        yo imitaba a Locomotoro, que se me mueven
        los mofleeeetes,
        y a la abuelita Carmen le hacía gracia (¡lo clava
el nene!), a mamá
        no,
        que recelaba que me amariconase
       
        y prefería,
entre todas las canciones que fatigaban los Chiripitifláuticos,
en su programa de Antena Infantil, aquella
algo triste,
        de “había
una vez”,
que contaba lo de aquel barquito chiquitito que no podía
que no podía,
y que yo soñaba marear

        

domingo, 26 de julio de 2015

por la Montañeta

       
        
        si se llegaban a Alicante mareando, por el malecón,
        traían a los pequeños “juguetes
        y turrón”

nunca
fue
así:
los papás
escondieron
esta primera posibilidad
mejor,
y nos recibían, la mañana
de la Epifanía,
cantando,
y silbando,
el segundo pareado,
que nos desastraba,
        los Reyes vinieron
        por la Montañeta
        y a Manuel (o a Eva, o a Marta, o a Carlos) le trajeron
        un montón
de puñetas

era
chufla, higa
para hacernos rabiar,
como el carbón
de azúcar
en las orillas de nuestros presentes

        ignorábamos,
        o he olvidado,
        el Malecón,
        y la Montañeta valía el Levante
fantástico, la habitación, con almacén
y botica,
        de Gaspar, Melchor y Baltasar

        las navidades últimas, que quise pasar más despacio, con Desa,
        en Alicante,
        descubrí que la Muntanyeta había sido
        verdadera,
        que embarazaba el crecimiento de la ciudad,
        que la desmontaron
       
        no: cuando se empieza
el 6 de enero
bajan
        aún
        los Reyes Magos (bajan papá
        y mamá)
        con el oro,
        el incienso
        y la mirra,
        a regalarnos




sábado, 18 de julio de 2015

el Club de los Siete Secretos

        

        
        yo fui más de los Siete Secretos
        que de los Cinco
       
        me mareaban algo los nombres de los chavales
de aquella pandilla,
que me parecían bárbaros, y pronunciaba
a la española,
Peter, Janet, Jack, Barbara, Pam, George, Colin,
ni siquiera sabía uno
muy bien,
leyéndolos,
el sexo
cabal
del personaje

        todos soñábamos, mirándonos en su ejemplo, armar
        un Club
        (y ¡si fuera mixto, de chicos
        y chicas,
        el escándalo!),
        tener aventuras
        con perro,
        investigar crímenes blanditos, resolver
        misterios
        tontos,
        que escribiese
        luego
        Enid Blyton
        nuestras hazañas de andar por casa,
        y nos jalease desde el título, ¡adelante!,
        ¡tres hurras para!
       
        era literatura juvenil (¿no la publicaba
        la Editorial Juventud?), por poco
        de un rombo,
        clasificación que nos hacía parecer mayores,
        y fue mi primera novela, si no negra,
negruzca,
y que leía
seguido,
sin la muleta de los dibus

        

jueves, 16 de julio de 2015

cuánto falta


            

       
       (jugábamos a esto
        o lo otro,
a los coches,
a armar batallas con soldaditos
de plástico
que venían en sobres, yo prefería a los americanos
y a ésos de las nieves,
sobre todo a los médicos,
a los médicos)
       
“¿Cuánto falta?”
        “Un ratito.”

        los papás ordenaban horas que queríamos
que pasaran,
decidían el marco temporal de nuestros fueros



domingo, 14 de junio de 2015

desmenuzable


¿ves?: me desmigo en el tazón de leche de la escritura:
estos textos me desmontan

y desmeollan

domingo, 31 de mayo de 2015

¡a (de)formar!


éste debe ser el propósito
cabal
de la gimnasia
mejor: desentumecer el cuerpo, desperezarlo, soltarlo,
que pueda gozar el mundo físico,
dedicarse
al juego

gobernaban la nuestra, en los Agustinos, militares
en chándal, suboficiales (¿o serían tenientes,
capitanes?) con segundo empleo, civil
y apático,
la leche
mala
y pito reglamentario

se hacía
en el patio, que ahora no era
        de recreo,
        sino horroroso

        todo, el uniforme del colegio
(los pantaloncitos azules, la camiseta
        roja),
        la tabla,
        las vueltas al campo de balonmano (¡el flato, el flato!),
        los aparatos (el caballito, el potro, el plinton
tremendo,
que nunca supe, me daba tanto miedo, saltar)
        servía para sujetarnos
y desbravarnos

        usábamos como vestuario el huerto del convento vaciado,
        arruinado,
        de las monjas,
        y no había duchas: católicos
y acomplejados,
nos lavábamos la cara y las manos en el bebedero,
y nos poníamos, por vergüenza, la ropa
de calle
encima del uniforme:
el tufo que apestaba
después
el aula,
en clase de inglés, o de geografía,
y la roña,
y la memoria de nuestras indiferentes rendiciones,
y del tedio,
        calaban nuestra naturaleza, desastrándonos para la vida
       

        

sábado, 30 de mayo de 2015

comulgabas con qué

        era pasto maravilloso,
        tremendo,
        que repetía, ése, digo,
del pan ázimo: eructabas,
y el regüeldo te dejaba en la boca un regusto al Dios católico,
preconciliar


jueves, 28 de mayo de 2015

clerigalla


        verbenea en mis años primeros
        y segundos
        la frailería, “concurso”
        de muchos sacerdotes, o, por usar (lo ordena
        la propiedad)
        los latines,
        Religiosorum multitudo[1]

        pertenecían,
        todos,
        a la Orden de los Agustinos,
        y gastaban cinturón de cuero y el título
        extrañísimo
        de “padres”

tenían sus habitaciones, que yo soñaba
        horrorosas,
        en el último piso del Colegio; los había visitadores, por poco
caseros, que papá vigilaba su salud
y mamá los regalaba
        en el comedor,
        elpadrecástor, elpadremanuel(álvarez); otros
        fueron
        mis tutores,
        en la EGB,
        hasta Cuarto,
        elpadreluis, elpadreángel, elpadremanuel(mecández);
        a éste, en la Parroquia de Cristo Rey,
le confesaba mis pecadillos, para que pudiese darme,
luego, almuerzo
        divino;
        éstos, arremangándose las faldas de las sotanas negras, jugaban
        con nosotros
        en el patio, al fútbol;
        el Vice terrible hacía la centinela de los pasillos;
        el padre Flecha recitaba, con ademanes felinos, Bamba
        avanzaba por la jungla
        si-
gi-
lo-
sa-
men-
te;
el Padre Mateo (mateofeomateofeo)
nos mareaba con las historias
        turbias
        de Ulises (mandaba a sus marineros que lo atasen,
        que las Sirenas)
        y de Santa María Goretti (lo que tuvo con su primo hermano
        peor);
con el Pagola, en el sótano, hice, burro, barros
        y otros trabajos anteriores a la tecnología;
        elpadrehilario
y el Davalillo me enseñaron el inglés que me sirvió,
        después,
        de oficio,
        y que me distrae mucho,
        mucho; en COU exploré con muchísima curiosidad,
        con Amador,
        la Filosofía,
        y la Historia con elpadreatienza

        hicieron, ¿no?, mis padres (capones) segundos,
        o terceros,
        más o menos amables
               






[1] Diccionario de Autoridades.

viernes, 22 de mayo de 2015

el-rey-de-los-monos

        


        fui tarzán esmirriado, de piscina, con bañador
        de patitos
        y huevo de corcho verde a las espaldas: repetía
        exactamente
        su falsete
        famoso
        y selvas fantásticas me saludaban: acudían sobre todo
        el elefante macho que jineteaba y los monos
        de mi corro,
        los que me apellidan
        y titulan

        ¡otra vez tener, como en-el-principio, habitación
        y patio de recreo
        en los árboles,
        mona
        faldera,
        a Jane desmayada en mis brazos!


domingo, 17 de mayo de 2015

estrellas nuevas


Estrellas nuevas. Son aquéllas que en ciertos tiempos han aparecido de nuevo en el Cielo, y después han dejado de verse.”[1]

        ésas, digo, que pensábamos fijas, clavadas
        en el firmamento,
        y eran
nada más
nuevas:
farolillos que alumbraron nuestros cielos, y sujetaron
nuestro suelo,
y se apagaron
luego,
desastrándonos




[1] Diccionario de Autoridades.

sábado, 16 de mayo de 2015

delirio de Puck


es el-sueño-de-otra-noche-de-verano de Puck,
el duendecillo gamberro que sigue
con torpeza
en los teatros
a Oberón, Rey de Tierra de Hadas

con un cuchillo papá descarnaba la sandía,
le vaciaba los ojos,
la boca,
colocaba una vela encendida en su garganta,
le ataba unas cuerdas, que sirvieran de asidero,
y hacía el estrafalario cabezón nuestro lazarillo,
la noche inquietante,
bruja,
de sanjuán,
y
luego,
siempre
ya,

en lo oscuro