Andar (ir por la vida
peatón) ¡parecía
tan poco!
Pero uno
aprende sus vehículos escalón
a escalón,
yo,
por
ejemplo,
empujaría
primero por el suelo el doscaballos de latón,
cruzo,
después,
el pasillo
mulero
(¡Hosanna!), cogido de las orejas del burro
con
ruedas,
arrastrándolo
con los pies,
llego
por fin
al
triciclo
y al
esqueleto de un coche a pedales (pero ¡envidiaría, ¿no?,
el alazán
de Alvarito, y sobre todo su estupendo bólido
con el número 5!).

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