martes, 24 de diciembre de 2013

lapurgademanolito



       
    Es lavatorio gracioso, que te quita del pecado
        primero,
        el de la demasiada curiosidad,
        y procura tu mansedumbre.

        Vale la “puerta
de los demás sacramentos”[1],
y te hace hijo de un cristo católico y franquista, criatura
de su Iglesia,
sujetándote a su Ley.

        Quisieron que fuera en la Pila muy milagrera         
de San Vicente Ferrer,
        máquina
profiláctica
que estorbaría mi muerte accidental.

        Yo recibía, con aquellas aguas que no eran
        de socorro,
        sino administradas con mucha ceremonia
        y solemnidad,
        el nombre
        divino
        de Manuel,
        el mismo de mi nuevo
señor
        (pero era para que repitiese
el de papá).


        mitíamaría pone los ojos bobos,
beatos,
en el cielo barroco de la capilla,
        mi padrino, manolorrobredo, recela, me parece, algo, ¿no?
        Hay teatro de curas y monaguillos,
        y el sacerdote me eleva, dándome
        a su Dios.

        Detrás, algo distrae, y divierte, a dos mujeres que serían
        de mi corro,
        y que no recuerdo.

        Yo parezco, metido en mi ropón de bautismo,
        fantástica
pupa
sin sexo,
        un insecto
        extrañísimo
        y perplejo.


[1] Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española.

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