Yo padecí mucho,
de pequeño,
de estreñimiento,
conque acompañaron mi infancia el orinal
y los supositorios
de glicerina (pero no, ¡ay!, ¡huy!, la
rama
de perejil
que mi abuelita Carmen quería que me
plantasen,
como banderín gay,
en el culo,
para remediarme).
Luego,
qué cosas,
pasó
la vida
y me enfadó el colon, volviéndolo
delicadísimo
y nervioso,
tanto que barrunto que la terminaré
vaciándome
en algún retrete.

No hay comentarios:
Publicar un comentario