martes, 24 de diciembre de 2013

Mamá Oca




    
Sir James Matthew Barrie,
        que hizo a Peter Pan,
        que fue (que no pudo ser) el chico maravilloso,
        entendió que, “para un niño,
la cosa más rara,
y el libro ilustrado más rico,
es el hecho de que su madre fuese,
también,
niña
érase una vez”.

Pues yo, últimamente,
he hecho un descubrimiento
gracioso.
Mamá,
de pequeña
(tenía ¿siete, ocho, nueve años?),
fue ¡pastora
de patos!
La chiquilla recogía su manada en el corral,
llamando a los paticos con voces que ha olvidado,
guiándolos con su vara de zagala,
atravesaba con ellos toda la casa,
salía por el portón delantero,
bajaba por una calleja al barranco de Alborache,
los apacentaba
(les gustaba sobre todo picotear caracoletas),
dejaba que se bañaran en las charcas,
los juntaba al rato, algo aburrida,
y los devolvía a la pobre habitación
que compartían con el gorrino, los conejos y los pollos,
mimándolos para el cuchillo que los acabaría.


Aquella nena,
de mamá oca,
delante de su averío,
me parece salida del dibujo antiguo
de algún cuento de hadas,
pero fue verdadera.

En los ojos azules de su madre, Margaret Ogilvy,
Barrie veía “el principio y el final de toda la literatura”.
Yo sólo he construido para la mía
este corral de palabras,
no es mucho,
no es tanto
(¡pero es que el estupendo escocés fue muy maricón!).

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