martes, 24 de diciembre de 2013

la higuera

         

       
        Fuimos
        (en el principio)
        monos
        arborícolas,
        siempre nos íbamos, entonces, por las ramas,
        bajábamos
        poco
        al suelo
        (¡yuyu!).

        Luego nos hicimos
peatones,
y sólo buscábamos los árboles por sus golosinas,
o para quitarnos de las fieras.

Queda,
de aquello,
un poso,
una querencia,
por eso,
de pequeños,
nos divierte treparlos,
hacernos habitación en ellos.

Una higuera,
frontera de Yalta,
fue mi apartamento
segundo,
comunal,
aquel verano del 72, o del 73.

No hay comentarios:

Publicar un comentario