¡Virgen (paradójica: parida
y jodida, pero yo, de esto, pobre
tonto,
qué sabía)
del
Consuelo!
¿Qué
noticia me descubrirías, mamá,
del mundo
(de la vida),
para
esforzarme y que dejase,
por esa vez,
de llorar?
Sería
revelación
doméstica,
que
estabas ahí, estoy
aquí,
y vuelve
enseguida
papá.

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